La química cerebral en el matrimonio
Antes de adentrarme en el tema, ¿por qué las mujeres no nos casamos en la actualidad?.
Es indudable que el concepto de matrimonio ha cambiado con las generaciones. Antes era la frontera a la cual llegar para consumar una vida en pareja y en familia. Sin embargo, en tiempos recientes muchas mujeres y hombres ya no lo consideran esencial para la realización personal.
Esto se debe a muchos factores entre los que se destaca la gran cantidad de divorcios. Como las estadísticas muestran expectativas de éxito matrimonial en menos del 50 por ciento, las personas lo piensan dos veces antes de tomar esta decisión.
Y es que el divorcio no es la simple disolución de la unión sentimental sino una serie de problemas legales y religiosos. La repartición de los bienes, la custodia de los niños, el soportar un proceso lento y caro y la imposibilidad de anular el matrimonio religioso, claro siempre y cuando no se tengan conexiones para hacerlo, son algunos aspectos que las parejas temen al pensar en casarse.
Esto hace que la parejas que desean vivir juntas tomen otras alternativas. Por ejemplo, un estudio del INEGI en México arroja que del año 1990 al 2000 los índices de parejas en unión libre aumento tres puntos porcentuales, lo que representa un incremento muy significativo para una sola década. Y el estado civil del sexo femenino se ha incrementado seis puntos del 2000 al 2009 en permanecer solteras.
La preferencia profesional
Es un hecho que las mujeres en general están ocupando un rol mas activo en la economía formal a través de sus puestos de trabajo. Para muestra se tiene que la cantidad de mujeres trabajadoras en America Latina durante la década pasada, aumento entre un 35 y 50 por ciento.
De igual forma, en Estados Unidos se proyecta que las mujeres comprenderán el 47 por ciento de la fuerza laboral total en el 2012. También colaboran con el 55 por ciento del incremento en el crecimiento total de la fuerza laboral del 2002 al 2012
Otro hecho que demuestran las estadísticas es que las mujeres libres de compromisos matrimoniales suelen ser aun mas activas en cuestiones laborales.
Estas tendencias muestran que la mujer ha cambiado progresivamente sus metas y perspectivas de vida. El matrimonio ya no es la base para muchas que prefieren ser exitosas a nivel profesional.
Los paradigmas sociales están cambiando, pero es un hecho que la fisiología es un factor importante en nuestro proceder, la química cerebral es un factor importante para dar el paso al matrimonio y mantenerlo, a menos que coman grandes cantidades de chocolate.
Analicemos el papel de la química cerebral en una relación
¿Puede la estrecha convivencia mantener siempre fuerte y armoniosa la relación de una pareja o, por el contrario, deteriorarla y provocar la ruptura? Los últimos hallazgos en el campo de la química cerebral indican que ambas cosas son posibles. Si una pareja no logra superar los escollos de las distintas etapas del matrimonio, quizá acabe por separarse. A menudo la ruptura es predecible porque el cerebro dicta una serie de reacciones naturales durante cada fase de la relación. De la manera como se afronten esas etapas depende que el matrimonio dure o se termine.
Comprender las diferencias conductuales que existen entre el varón y la mujer puede ser la clave para que el amor perdure toda la vida.
Etapa 1. Enamoramiento
Cuando dos personas se enamoran, ocurren cambios en su cerebro. Aumenta mucho su secreción de feromonas (sustancias que actúan como señales sobre los sentidos), así que cuando se huelen o miran, es como si sus mentes se fusionaran. La alta concentración de la hormona oxitocina puede hacer que soslayen o no se percaten de sus respectivas conductas molestas, pero al final la pasión disminuye y la relación pasa a otra etapa.
Etapa 2. Desencanto
Al cabo de unos meses, la química cerebral y hormonal empieza a cambiar, y la parte "pensante" del cerebro --la corteza-- comienza a percibir los defectos de la pareja. Entonces sentimos mutuo enojo, irritación e incluso cierto temor. Si nos casamos durante la etapa 1, en la segunda etapa podemos empezar a poner reparos.
Mientras el marido se apoltrona frente a la televisión en vez de conversar con su esposa, ella quizá comience a preguntarse: ¿En qué estará pensando? Se siente rechazada, sobre todo porque él ha dejado de revelarle sus emociones y sentimientos.
Por su parte, él no entiende por qué su mujer ha empezado a criticarlo por "pequeñeces". Llevan unos años de casados y quizá ya tengan un hijo. ¿Qué más quiere ella? Aunque él sabe que está fallando en algo, no se le ocurre cómo remediarlo.
Se han disipado las sustancias cerebrales que prevalecían en la etapa del cortejo y el enamoramiento, y la pareja siente desilusión. En ese momento resulta fácil atribuir la falla a nuestro cónyuge y pensar: No es la misma persona con quien me casé.
Con todo, es normal pasar por este periodo de confusión, de merma de sustancias químicas en el cerebro de ambos. Es también un paso indispensable para que sus mentes tan disímiles "se fusionen" y empiecen a funcionar coordinadamente.
Etapa 3. Lucha de poder
La pareja que experimenta el desencanto suele enfrascarse luego en una lucha de poder. Ambos contrarrestan la merma química tratando de lograr que el otro vuelva a ser como era (o creían que era) en la etapa de enamoramiento. Mientras dura esta lucha, afrontan la dificultad adicional de ser neurológicamente "distintos", ya que su respectivo cerebro los hace pensar, comportarse e incluso amar de manera muy diferente.
Se trata de un periodo doloroso, y por estar enfrascada en la lucha de poder, la pareja no se percata de que sus diferencias cerebrales en realidad pueden ser la clave para que su matrimonio dure toda la vida.
Mientras se encuentra en esta etapa, el hombre quizá desee realizar más actividades independientes, y la mujer, tener más contacto con sus amistades. Aunque esta tendencia se origina en conductas y funciones de género aprendidas, las diferencias se acentúan por efecto de hormonas como la testosterona y los estrógenos.
¿Cómo repercute esto en el matrimonio? Una de las principales razones por las cuales las parejas se atacan despiadadamente durante la etapa de lucha de poder son las actitudes que hombres y mujeres tenemos respecto a la independencia conyugal. No resulta sorprendente que muchos matrimonios que acaban en divorcio duren entre siete y ocho años, en promedio: el mismo tiempo que cada persona invierte en tratar de que su pareja "cambie".
Sin embargo, la naturaleza no nos permite dar marcha atrás al reloj químico y neurológico, y el ciclo de vida sigue su curso. Una nueva etapa de la relación comienza cuando ambos cónyuges se descubren por fin como hombre y mujer y como amantes. Para ello es necesario que los dos cobren conciencia de ciertos elementos que habían permanecido ocultos bajo la superficie.
Etapa 4. Despertar
Lo que muchas parejas no consiguen entender es que, antes de asumir cierta independencia en su relación, hay un paso previo que les pasa inadvertido a ambos. Durante las tres primeras etapas del matrimonio, los esposos mantienen una convivencia muy estrecha, lo que anula sus respectivas individualidades. Un hombre puede considerar una pérdida de tiempo las emociones de su mujer, así como su necesidad de comunicación, sus deseos sexuales e incluso su actitud hacia las tareas domésticas. A su vez, ella puede percibir como egoístas o amenazadores los hábitos, pasatiempos, preocupaciones de trabajo y la necesidad de independencia de su marido.
Durante la cuarta etapa, la pareja "despierta": cobra conciencia de que la estrecha cercanía en que han vivido no es tan saludable y que ahora deben separarse en un sentido psicológico. Esta separación no implica divorciar-se: significa comprensión recíproca. Durante el despertar, la parte pensante del cerebro prevalece y contrarresta las reacciones emocionales que podrían generar conflictos y una sensación de pesadumbre por la pérdida o disminución de la pasión.
Así, cuando la mujer hace algo que molesta al marido, éste quizá se contenga, guarde silencio y se limite a pasar por alto el asunto. A su vez, cuando él hace algo que a su esposa le resulta enfadoso, ella podría decir comprensivamente: "Ahora entiendo de qué se trata esto".
Al final, los hombres se dan cuenta de que las mujeres tienen razón: si no hay suficiente cercanía, lo más probable es que la relación se vaya a pique. Pero también los hombres están en lo correcto: si no se goza de suficiente independencia, es muy probable que ocurra lo mismo.
Cuando nos alejamos demasiado de nuestro cónyuge, se va extinguiendo el amor de que disfrutamos al principio, mas la relación tampoco sobrevivirá si hay tal cercanía que uno de los dos impida que el otro se sienta libre. La clave del éxito estriba en comprender las ventajas de la química cerebral masculina y femenina.
Etapa 5. Consolidación
El equilibrio entre las formas prototípicas de relación entre hombre y mujer constituye un estado de amor equilibrado al que yo llamo "independencia íntima". La lucha de poder se termina, y la pareja adopta las estrategias del amor maduro, que fomentan la independencia y la intimidad al mismo tiempo. Los esposos ahora conviven, crían a sus hijos y dan y reciben amor, pero no porque se hayan vuelto iguales, sino porque han aprendido a ser felizmente distintos



